Cuando el frío desaparece y el calor de la ira regresa, aparece el desierto. Un desierto en el que la sed ha agotado nuestros pensamientos y aprisionado nuestras ansias de caminar. El cansancio se vuelve tan fuerte que nuestros pasos permanecen paralizados. Sabemos que si no logramos avanzar moriremos entre una montaña de desértica arena, pero la vida parece más difícil que nunca. Podríamos gritar hasta la extenuación o tal vez recordar aquellos momentos en los que supimos encontrar las fuerzas para seguir luchando, pero la arena cada vez se vuelve más pesada sobre nuestras rodillas y sentimos como la resistencia se ha desvanecido.
Cuando ni siquiera el carácter puede darnos la fuerza para encaminar nuestros pasos hacia el siguiente oasis, la única salida es la derrota. Dejamos que la fuerza se convierta en conformismo y el deseo en imaginación. Soñamos con un futuro mejor mientras dejamos que el que tenemos muera debajo de nuestros pies. Unos pies que llevan demasiado tiempo aguantando en secreto el peso de una existencia condenada a engañarse a sí misma. Una existencia vacía de alas y llena de "quizás" que nunca llegarán.
¿Luchar o suicidarse? ¿Cuál es el verdadero precio de una existencia? ¿Cuál es la salida para un ser que ha dejado de sentirse ser pero no quiere ver más allá de los sueños? ¿Cuál es el único camino válido para llegar al siguiente oasis y recuperar el pasado?
Realidad Plástica
miércoles, 14 de diciembre de 2011
martes, 29 de marzo de 2011
Amor, rebeldía, libertad y sangre
Somos rebeldía, amor, libertad y sangre. Somos el producto de una historia, de un avance. Luchamos de jóvenes por lograr esos ideales fracasados y de adultos por volver a sentirnos lo suficientemente niños para recuperar aquella rebeldía sin causa. Dejamos que el primer amor se olvide en nuestra memoria y nos conformamos con los otros que van viniendo sin valorar cada uno de ellos con la fuerza y la valentía necesaria. Reiteramos que somos "libres" y la única libertad que portamos es el recuerdo. Podríamos luchar de nuevo y lograr que toda nuestra sangre corra por nuestras venas causando taquicardias imprevistas. Y, sin embargo, nos conformamos con la monotonía y dejamos que el ayer sea siempre mucho más fácil de imaginar que un hoy lleno de vida.
Vivir es encontrar el valor justo de las cosas. Vivir es atreverse a coger el impulso vital para echar un pulso al pasado. Vivir es dejar que tu sangre corra por tu cuerpo con la única bandera de la libertad y la rebldía por patria. Vivir es descubrir, aún cuando habías dejado de creer en ello, que existe una salvación capaz de activarte de nuevo.
"Esta vida costumbrista
nos quita la libertad
de ser simplemente sólo
el sueño del optimista"
Poema extraído del libro "Amor, rebeldía, libertad y sangre" de Manolillo Chinato
miércoles, 16 de febrero de 2011
Reflexión y crítica
Cuando estamos dentro de algo, nunca podemos valorar lo que tenemos. Nos esforzamos en desear algo toda una vida y cuando lo conseguimos, estamos tan inmersos en mantenerlo que somos incapaces de ver con perspectiva y distancia los valores que nos aporta. Somos incautos, bohemios y hasta becqueranos por naturaleza. Nos arriesgamos al límite sin medir las consecuencias. Nos agarramos a un clavo ardiendo sin pensar por un segundo si el fuego es la valentía para seguir viviendo, o simplemente las cenizas de un incendio futuro que nos alertan de un peligro. Perdemos la capacidad de observar. Arriesgamos sin miedos y nos mostramos tal y como somos, sin tapujos, sin censuras, sin cortinas. No buscamos un futuro, buscamos un presente. Queremos levantarnos cada mañana con la sensación de que seguimos enganchados a esa noria que rueda infinitamente y de la que nosotros somos simples marionetas obstinadas en no bajar.
Cuando nos comportamos así, sólo existen dos caminos posibles para ese futuro que evitamos. O nos convertimos en incautos felices para siempre, o nos estrellamos con un muro de piedra en el que quedan enterrados nuestros sueños.
La valentía no es vivir un día a día sin pensar en el mañana. La valentía es vivirlo aprendiendo a valorar las cosas buenas y malas y decidiendo si ese es el futuro que queremos.
Si somos capaces de levantarnos cada amanecer estando seguros de que tenemos la vida que deseamos, entonces, la felicidad se manifestará a nuestro paso y no hará falta más. Si nos empeñamos en no valorar lo que tenemos en detrimento de lo que queremos, estaremos labrando el peor futuro posible: la falta de libertad.
Reflexionar sobre estas cosas me hace replantearme el destino cuando abro los ojos cada mañana y sé que tengo precisamente lo que quiero tener. A veces, la crítica también es positiva.
lunes, 10 de enero de 2011
Tiempo y espera...
A veces la distancia sirve para demostrar lo mucho que puedes echar de menos a alguien sin llegar nunca a perderlo. Cada km de lejanía, cada palabra ahogada por los cms, cada llamada sin motivo, cada suspiro de resistencia y cada sonrisa perdida por alguna calle de un escondido lugar contagiado por el consumo nos demuestran que queremos y necesitamos mucho más a alguien de lo que nunca hubiéramos imaginado.
Es justo en ese punto donde empezamos a ser conscientes de nuestra felicidad. Es justo en ese instante donde nos planteamos la promesa como solución. No existe un hoy, ni un mañana. Existen horas y horas de espera, pero aún así no tenemos dudas de que el final del camino será un manantial repleto de agua en un desierto. Gracias a esa promesa seguimos vivos. Gracias a esa esperanza sobrevivimos al paso eterno del tiempo que parece haberse parado frente a nuestra mirada.
A veces llega el final a esa espera y es entonces cuando nos preguntamos al más puro estilo cinematográfico: ¿alguna vez has sido tan feliz, tan feliz que no necesitases seguir viviendo?
Es justo en ese punto donde empezamos a ser conscientes de nuestra felicidad. Es justo en ese instante donde nos planteamos la promesa como solución. No existe un hoy, ni un mañana. Existen horas y horas de espera, pero aún así no tenemos dudas de que el final del camino será un manantial repleto de agua en un desierto. Gracias a esa promesa seguimos vivos. Gracias a esa esperanza sobrevivimos al paso eterno del tiempo que parece haberse parado frente a nuestra mirada.
A veces llega el final a esa espera y es entonces cuando nos preguntamos al más puro estilo cinematográfico: ¿alguna vez has sido tan feliz, tan feliz que no necesitases seguir viviendo?
viernes, 31 de diciembre de 2010
"Diez años"...
A los que esperáis poesía e imaginación, siento decepcionaros, pero este texto es tan real como lo ha sido el año que hoy cerramos.
2010, año de cambios y decisiones para la persona que hoy os escribe tras esta pantalla, pero sobretodo año de un sólo calificativo: Sôber. Quién bien me conozca sabe que desde la disolución de este grupo madrileño fundado a principios de los 90, mi mayor ilusión era volver a verlos juntos en la medida de lo posible (recordemos que Alberto Madrid, su batería, había fallecido trágicamente en un desgraciado accidente en la M-30 dos años antes conmocionando a toda la comunidad Sôberiana). El día 1 de enero de 2010 la noticia hizo que las lágrimas se me escapasen lentamente por mis mejillas. Sôber volvía y lo hacía con una gira de conciertos por todo el panorama nacional e internacional. En ese momento poco podía yo saber lo que esa noticia iba a suponer para mí. Desquiciamientos para conseguir las entradas para La Riviera, horas al sol bajo unos infumables 35º en colas llenas de chonis poligoneras y chiquillas de 15 años llenas de oros, días en cama x los empujones sufridos sobre la espalda desde las primeras filas, eternos dopamientos a ibuprofeno para solventar las dislocaciones de cuello y sobretodo lágrimas de felicidad al ver como la ilusión de una niña de 15 años que había visto por primera vez al grupo en Ourense volvía a contagiar cada cm de su cuerpo y de su alma. Puede que este regreso haya sido una ilusión óptica, puede que tal vez un canto a la esperanza para seguir luchando cuando creemos que las cosas son imposibles y es mejor tirar la toalla, pero lo que os aseguro es que Sôber ha sido la causa y la razón de que hoy por hoy siga viva.
Y es que Sôber no sólo fue un regreso, Sôber ha cambiado mi 2010 en todos los sentidos. Me ha dado la fuerza que necesitaba, el aliento perdido, la convicción y sobretodo, la sorpresa de conocer a la persona que ha convertido mis noviembres en un eterno verano sin fin. Sôber ha sido 2010 y será 2011. Y con ese deseo esperamos la entrada en unas horas de este nuevo año. "Diez años", cierre de una década...¿Casualidad o profecía?
2010, año de cambios y decisiones para la persona que hoy os escribe tras esta pantalla, pero sobretodo año de un sólo calificativo: Sôber. Quién bien me conozca sabe que desde la disolución de este grupo madrileño fundado a principios de los 90, mi mayor ilusión era volver a verlos juntos en la medida de lo posible (recordemos que Alberto Madrid, su batería, había fallecido trágicamente en un desgraciado accidente en la M-30 dos años antes conmocionando a toda la comunidad Sôberiana). El día 1 de enero de 2010 la noticia hizo que las lágrimas se me escapasen lentamente por mis mejillas. Sôber volvía y lo hacía con una gira de conciertos por todo el panorama nacional e internacional. En ese momento poco podía yo saber lo que esa noticia iba a suponer para mí. Desquiciamientos para conseguir las entradas para La Riviera, horas al sol bajo unos infumables 35º en colas llenas de chonis poligoneras y chiquillas de 15 años llenas de oros, días en cama x los empujones sufridos sobre la espalda desde las primeras filas, eternos dopamientos a ibuprofeno para solventar las dislocaciones de cuello y sobretodo lágrimas de felicidad al ver como la ilusión de una niña de 15 años que había visto por primera vez al grupo en Ourense volvía a contagiar cada cm de su cuerpo y de su alma. Puede que este regreso haya sido una ilusión óptica, puede que tal vez un canto a la esperanza para seguir luchando cuando creemos que las cosas son imposibles y es mejor tirar la toalla, pero lo que os aseguro es que Sôber ha sido la causa y la razón de que hoy por hoy siga viva.
Y es que Sôber no sólo fue un regreso, Sôber ha cambiado mi 2010 en todos los sentidos. Me ha dado la fuerza que necesitaba, el aliento perdido, la convicción y sobretodo, la sorpresa de conocer a la persona que ha convertido mis noviembres en un eterno verano sin fin. Sôber ha sido 2010 y será 2011. Y con ese deseo esperamos la entrada en unas horas de este nuevo año. "Diez años", cierre de una década...¿Casualidad o profecía?
sábado, 20 de noviembre de 2010
Amaneceres lluviosos
Amanezco rodeada por tus brazos mientras la lluvia golpea la ventana a modo de banda sonora matinal. Desconocemos la hora, pero el tiempo se ha parado mucho antes. Justo cuando tus labios se dejaron llevar por los mios hace demasiadas horas en una callejuela invernal del Madrid castizo. Nos sobran las palabras. Cada mirada acentúa la confianza que nos llevó a estar hoy bajo este mismo edredón que sirve de frontera frente al mundo. Preferimos aislarnos es el idílico sueño de lo irreal y dejar que la rutina pase sin más ahí afuera.
En la cocina aún hay restos de tarta de chocolate de la noche anterior, pero no los necesitamos. Seguramente, la dulzura ya había llegado antes que ese postre a nuestras manos.
No sé cuanto durará esto. No sé ni cómo hemos llegado a ello. Sin embargo, hay algo que tengo muy claro. Hace mucho tiempo que no lograba sentirme tan bien al amanecer con alguien. Puede que simplemente sea una ´furia paranoica´, puede que un ´arma precisa´ tal vez, pero ante todo es un ´paraíso con gastos pagados´ que logras mantener vivo a cada segundo haciendo que todo sea más fácil a nuestro alrededor.
Suena becqueriano, los dos lo sabemos y nos asusta, pero en el fondo no sabemos como despegarnos de la irracionalidad que nos lleva por este camino de sonrisas y felicidad.
Gracias por hacer que las últimas 24 horas hayan sido perfectas, casi tanto como tu forma de cuidarme.
En la cocina aún hay restos de tarta de chocolate de la noche anterior, pero no los necesitamos. Seguramente, la dulzura ya había llegado antes que ese postre a nuestras manos.
No sé cuanto durará esto. No sé ni cómo hemos llegado a ello. Sin embargo, hay algo que tengo muy claro. Hace mucho tiempo que no lograba sentirme tan bien al amanecer con alguien. Puede que simplemente sea una ´furia paranoica´, puede que un ´arma precisa´ tal vez, pero ante todo es un ´paraíso con gastos pagados´ que logras mantener vivo a cada segundo haciendo que todo sea más fácil a nuestro alrededor.
Suena becqueriano, los dos lo sabemos y nos asusta, pero en el fondo no sabemos como despegarnos de la irracionalidad que nos lleva por este camino de sonrisas y felicidad.
Gracias por hacer que las últimas 24 horas hayan sido perfectas, casi tanto como tu forma de cuidarme.
jueves, 11 de noviembre de 2010
La ciudad de las maravillas
Avanzaba la noche y las pisadas de Alicia transitaban sin rumbo por un paraíso demasiado maravilloso para ser real. Aquella ilusa joven no tenía la menor idea de dónde estaba ni a dónde quería ir, y sin embargo, en medio de una ciudad muerta y silenciosa se sentía más segura de lo que nunca había estado. Apenas contaba con unas cuantas notas en aquel aturdido bolsillo de un abrigo contaminado por el humo de los coches y el frío de la invernal madrugada. Mas en aquella carretera abandonada a las afueras de la urbe, se sentía el ser más poderoso del planeta. Había encontrado un tesoro mucho mayor que cualquier joya material propia de ese absurdo capitalismo que nos rodea. Había descubierto el único arma capaz de disparar flores hippies en plena guerra de Kosovo o Crimea. Era feliz, su mirada perdida y esa sonrisa delatadora no podían ocultarlo durante mucho tiempo. Los miedos almacenados en su alma durante tantos años se habían escapado como pájaros libres capaces de encontrar un nido más vulnerable donde habitar. De nada habían servido los intentos de negación como bandera de un barco pirata condenado a naufragar. Esa noche la luna brillaba más menguante que nunca y Alicia sabía que la confianza que había encontrado en los brazos de aquel viejo pirata sólo podía disiparse en un eterno cielo crepuscular que acababa de empezar a despejarse.
Pero como todos los caminos sin rumbo, el final de los kms ocasionales llegó unas horas después a los piés de Alicia. Justo entonces, cuando ella se enfrentaba a los sueños más dulces destinados a cerrar una noche perfecta, sonó su móvil. Esta vez, la historia no tendría el final triste de cualquier telenovela dramática. Esta vez, los sueños eran más reales que cualquier deseo omnírico de mano de un pirata reconvertido en Sombrerero Loco.
Pero como todos los caminos sin rumbo, el final de los kms ocasionales llegó unas horas después a los piés de Alicia. Justo entonces, cuando ella se enfrentaba a los sueños más dulces destinados a cerrar una noche perfecta, sonó su móvil. Esta vez, la historia no tendría el final triste de cualquier telenovela dramática. Esta vez, los sueños eran más reales que cualquier deseo omnírico de mano de un pirata reconvertido en Sombrerero Loco.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)