Amanezco rodeada por tus brazos mientras la lluvia golpea la ventana a modo de banda sonora matinal. Desconocemos la hora, pero el tiempo se ha parado mucho antes. Justo cuando tus labios se dejaron llevar por los mios hace demasiadas horas en una callejuela invernal del Madrid castizo. Nos sobran las palabras. Cada mirada acentúa la confianza que nos llevó a estar hoy bajo este mismo edredón que sirve de frontera frente al mundo. Preferimos aislarnos es el idílico sueño de lo irreal y dejar que la rutina pase sin más ahí afuera.
En la cocina aún hay restos de tarta de chocolate de la noche anterior, pero no los necesitamos. Seguramente, la dulzura ya había llegado antes que ese postre a nuestras manos.
No sé cuanto durará esto. No sé ni cómo hemos llegado a ello. Sin embargo, hay algo que tengo muy claro. Hace mucho tiempo que no lograba sentirme tan bien al amanecer con alguien. Puede que simplemente sea una ´furia paranoica´, puede que un ´arma precisa´ tal vez, pero ante todo es un ´paraíso con gastos pagados´ que logras mantener vivo a cada segundo haciendo que todo sea más fácil a nuestro alrededor.
Suena becqueriano, los dos lo sabemos y nos asusta, pero en el fondo no sabemos como despegarnos de la irracionalidad que nos lleva por este camino de sonrisas y felicidad.
Gracias por hacer que las últimas 24 horas hayan sido perfectas, casi tanto como tu forma de cuidarme.
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