Cuando el frío desaparece y el calor de la ira regresa, aparece el desierto. Un desierto en el que la sed ha agotado nuestros pensamientos y aprisionado nuestras ansias de caminar. El cansancio se vuelve tan fuerte que nuestros pasos permanecen paralizados. Sabemos que si no logramos avanzar moriremos entre una montaña de desértica arena, pero la vida parece más difícil que nunca. Podríamos gritar hasta la extenuación o tal vez recordar aquellos momentos en los que supimos encontrar las fuerzas para seguir luchando, pero la arena cada vez se vuelve más pesada sobre nuestras rodillas y sentimos como la resistencia se ha desvanecido.
Cuando ni siquiera el carácter puede darnos la fuerza para encaminar nuestros pasos hacia el siguiente oasis, la única salida es la derrota. Dejamos que la fuerza se convierta en conformismo y el deseo en imaginación. Soñamos con un futuro mejor mientras dejamos que el que tenemos muera debajo de nuestros pies. Unos pies que llevan demasiado tiempo aguantando en secreto el peso de una existencia condenada a engañarse a sí misma. Una existencia vacía de alas y llena de "quizás" que nunca llegarán.
¿Luchar o suicidarse? ¿Cuál es el verdadero precio de una existencia? ¿Cuál es la salida para un ser que ha dejado de sentirse ser pero no quiere ver más allá de los sueños? ¿Cuál es el único camino válido para llegar al siguiente oasis y recuperar el pasado?
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