La amistad es aquel sentimiento que no conoce de barreras ni distancias.
Cuando llegué a esta ciudad traje conmigo el miedo a la soledad. Hoy, tengo la certeza de que me llevo el mejor regalo que podría haber pedido. No sólo tengo a gente que me cuida y respeta a mi lado. Adémás, tengo a personas que han sabido enseñarme a entender que el tiempo y la distancia nunca podrán romper las líneas entrecruzadas que unen nuestras vidas. Dicen que el ser humano es un ser social por naturaleza, yo creo que lo es por aprendizaje.
Necesitamos de la comunidad para sobrevivir, pero eso no nos garantiza nuestra felicidad. La ansiada felicidad se logra cuando tienes a personas realmente necesarias a tu lado que te enseñan día a día a ser mejor persona. Vivir en comunidad puede ser la obligación, aprender a querernos y respetarnos es el premio. Y cuando ganas ese premio, todos los demás regalos sobran.
Cuando decides seguir tu propio camino y alejarte físicamente de esos verdaderos amigos , todo toma un tono gris funerario. Sólo nosotros podemos lograr que esa gente permanezca en nuestro corazón y que el verde esperanza llene de nuevo cada uno de nuestros encuentros. Sólo así podemos descubrir que la felicidad esconde, hoy más que nunca, una palabra oculta: amistad.
Gracias por haber convertido a la hormiga tímida y perdida en un ser social. Gracias por haberme abierto vuestros corazones y vuestros oídos. Y, sobretodo, gracias por seguir haciendo que este pequeño paraíso sea más nuestro que nunca a pesar de no estar pared con pared.
Madrid sin vuestro cariño, jamás podría tener este mismo cielo rojo que hoy nos alumbraba a la luz de la luna llena.
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