Amanezco rodeada por tus brazos mientras la lluvia golpea la ventana a modo de banda sonora matinal. Desconocemos la hora, pero el tiempo se ha parado mucho antes. Justo cuando tus labios se dejaron llevar por los mios hace demasiadas horas en una callejuela invernal del Madrid castizo. Nos sobran las palabras. Cada mirada acentúa la confianza que nos llevó a estar hoy bajo este mismo edredón que sirve de frontera frente al mundo. Preferimos aislarnos es el idílico sueño de lo irreal y dejar que la rutina pase sin más ahí afuera.
En la cocina aún hay restos de tarta de chocolate de la noche anterior, pero no los necesitamos. Seguramente, la dulzura ya había llegado antes que ese postre a nuestras manos.
No sé cuanto durará esto. No sé ni cómo hemos llegado a ello. Sin embargo, hay algo que tengo muy claro. Hace mucho tiempo que no lograba sentirme tan bien al amanecer con alguien. Puede que simplemente sea una ´furia paranoica´, puede que un ´arma precisa´ tal vez, pero ante todo es un ´paraíso con gastos pagados´ que logras mantener vivo a cada segundo haciendo que todo sea más fácil a nuestro alrededor.
Suena becqueriano, los dos lo sabemos y nos asusta, pero en el fondo no sabemos como despegarnos de la irracionalidad que nos lleva por este camino de sonrisas y felicidad.
Gracias por hacer que las últimas 24 horas hayan sido perfectas, casi tanto como tu forma de cuidarme.
sábado, 20 de noviembre de 2010
jueves, 11 de noviembre de 2010
La ciudad de las maravillas
Avanzaba la noche y las pisadas de Alicia transitaban sin rumbo por un paraíso demasiado maravilloso para ser real. Aquella ilusa joven no tenía la menor idea de dónde estaba ni a dónde quería ir, y sin embargo, en medio de una ciudad muerta y silenciosa se sentía más segura de lo que nunca había estado. Apenas contaba con unas cuantas notas en aquel aturdido bolsillo de un abrigo contaminado por el humo de los coches y el frío de la invernal madrugada. Mas en aquella carretera abandonada a las afueras de la urbe, se sentía el ser más poderoso del planeta. Había encontrado un tesoro mucho mayor que cualquier joya material propia de ese absurdo capitalismo que nos rodea. Había descubierto el único arma capaz de disparar flores hippies en plena guerra de Kosovo o Crimea. Era feliz, su mirada perdida y esa sonrisa delatadora no podían ocultarlo durante mucho tiempo. Los miedos almacenados en su alma durante tantos años se habían escapado como pájaros libres capaces de encontrar un nido más vulnerable donde habitar. De nada habían servido los intentos de negación como bandera de un barco pirata condenado a naufragar. Esa noche la luna brillaba más menguante que nunca y Alicia sabía que la confianza que había encontrado en los brazos de aquel viejo pirata sólo podía disiparse en un eterno cielo crepuscular que acababa de empezar a despejarse.
Pero como todos los caminos sin rumbo, el final de los kms ocasionales llegó unas horas después a los piés de Alicia. Justo entonces, cuando ella se enfrentaba a los sueños más dulces destinados a cerrar una noche perfecta, sonó su móvil. Esta vez, la historia no tendría el final triste de cualquier telenovela dramática. Esta vez, los sueños eran más reales que cualquier deseo omnírico de mano de un pirata reconvertido en Sombrerero Loco.
Pero como todos los caminos sin rumbo, el final de los kms ocasionales llegó unas horas después a los piés de Alicia. Justo entonces, cuando ella se enfrentaba a los sueños más dulces destinados a cerrar una noche perfecta, sonó su móvil. Esta vez, la historia no tendría el final triste de cualquier telenovela dramática. Esta vez, los sueños eran más reales que cualquier deseo omnírico de mano de un pirata reconvertido en Sombrerero Loco.
jueves, 4 de noviembre de 2010
Deseos inconscientes
¿Cuántas veces os habéis precipitado? ¿Cuántas os habéis arrepentido? ¿Cuántas, simplemente habéis deseado volver atrás el tiempo para recuperar nuestros sueños y convertirlos en cuentos de hadas con final feliz? A veces, la espera tiene su recompensa. Y a veces esa recompensa es tan terriblemente perfecta que sólo nos puede llevar al miedo. Pero los miedos también han aprendido a quedarse en el armario y ... sólo nosotros tenemos la capacidad de decidir cuándo empieza todo.
"El deseo profundo, el deseo más real es aquel de acercarse a alguien. A partir de ahí, comienzan las reacciones, el hombre y la mujer entran en juego, pero lo que sucede antes, la atracción que los unió, es imposible de explicar. es el deseo intacto, en estado puro.
Cuando el deseo todavía está en ese estado puro, hombre y mujer se apasionan por la vida, viven cada momento con veneración y, conscientemente, esperan siempre el momento adecuado para celebrar la siguiente bendición.
Así, las personas no tienen prisa, no precipitan los acontecimientos con acciones inconscientes. Saben que lo inevitable se manifestará, que lo verdadero siempre encuentra una manera de mostrarse. Cuando llega el momento, no dudan, no pierden una oportunidad, no dejan pasar ningún momento mágico porque respetan la importancia de cada segundo."
Cuando el deseo todavía está en ese estado puro, hombre y mujer se apasionan por la vida, viven cada momento con veneración y, conscientemente, esperan siempre el momento adecuado para celebrar la siguiente bendición.
Así, las personas no tienen prisa, no precipitan los acontecimientos con acciones inconscientes. Saben que lo inevitable se manifestará, que lo verdadero siempre encuentra una manera de mostrarse. Cuando llega el momento, no dudan, no pierden una oportunidad, no dejan pasar ningún momento mágico porque respetan la importancia de cada segundo."
Fragmento del libro "Once minutos" de Paulo Coelho.
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