Aún recuerdo aquella tarde de agosto caminando cegados por el sol de las cuatro en dirección a ninguna parte. Aún siento tus labios acercándose a los míos lentamente mientras las olas del puerto chocaban con nuestras piernas ausentes. Aún revivo cada palabra entrelazada por nuestras manos en aquella colina apartada de cualquier universo. Y sin embargo, de todo ese viejo recuerdo, sólo queda un cd que agoniza entre mis dedos y un viejo papel en que tus letras se borran a cada lágrima que las inunda.
Quisiera odiarte. Todo sería mucho más fácil si lo único que quedase fuese odio. Pero algo me dice dentro de mí que no puedo hacerlo. Al final después del dolor y las mentiras, aún quedan miles de aprendizajes que me han permitido llegar a ser como soy. Y por mucho que me hiera reconocerlo, tienes gran parte de culpa en ello. Hemos crecido de la mano en un sueño que jamás encontró una salida razonable más allá de la enfermedad. Una enfermedad que nos contaminaba y nos hacía morir lentamente en cada frase.
Ahora sólo quedan frases cargadas de engaño y dolor. Ahora sólo quedan realidades destrozadas que jamás conocerán la verdad. Ahora quedan ingenuidades sueltas y corazones heridos. Ahora sólo queda desesperación ante cada una de tus sílabas cargadas de apestoso victimismo.
Puede que no pueda odiarte, pero no me pidas que te entienda. Hace tiempo que mi vida te convirtió en simples promesas que ya no valen nada. Y ante la nada, sólo queda el enterramiento y el olvido.
Mi vida continúa y por suerte, al lado de "Principitos" mucho menos cobardes.
jueves, 28 de octubre de 2010
miércoles, 27 de octubre de 2010
A veces, el equilibrio sí es posible
Cuando los universos se quedan pequeños para definir lo que sentimos, nuestro mundo cobra un color rosa preocupante.
Nos pasamos la vida deseando encontrar un lugar perfecto en dónde al fin nos entiendan y el "hoy" cobre efecto. Nos encomendamos a las miles de religiones, filosofías y consejos que siempre nos han parecido funcionar. Y cuando, por sorpresa, el anhelo aparece ante nosotros como un lago en pleno desierto, nos quedamos paralizados. Perdemos la capacidad de hablar en favor de una sonrisa idiota que nos acompaña a cada segundo. Dejamos de ser soñadores natos y nos convertimos en aves libres que vuelan acompasadas por el eterno cielo de la ternura. Sobrepasamos fronteras nunca imaginadas y volvemos a los viejos años de nuestra infancia. Y entonces, sólo entonces, empezamos a temer por el futuro.
Pero, ¿a quién le importa el mañana cuando cada uno de nuestros universos ha encontrado el equilibrio perfecto para levantarse cada día viviendo de un sueño que es más real que cualquier pasado? A veces, ese equilibrio está más cerca de lo que imaginábamos. A veces, ese equilibrio es más posible que cualquier deseo.
Nos pasamos la vida deseando encontrar un lugar perfecto en dónde al fin nos entiendan y el "hoy" cobre efecto. Nos encomendamos a las miles de religiones, filosofías y consejos que siempre nos han parecido funcionar. Y cuando, por sorpresa, el anhelo aparece ante nosotros como un lago en pleno desierto, nos quedamos paralizados. Perdemos la capacidad de hablar en favor de una sonrisa idiota que nos acompaña a cada segundo. Dejamos de ser soñadores natos y nos convertimos en aves libres que vuelan acompasadas por el eterno cielo de la ternura. Sobrepasamos fronteras nunca imaginadas y volvemos a los viejos años de nuestra infancia. Y entonces, sólo entonces, empezamos a temer por el futuro.
Pero, ¿a quién le importa el mañana cuando cada uno de nuestros universos ha encontrado el equilibrio perfecto para levantarse cada día viviendo de un sueño que es más real que cualquier pasado? A veces, ese equilibrio está más cerca de lo que imaginábamos. A veces, ese equilibrio es más posible que cualquier deseo.
jueves, 21 de octubre de 2010
La hormiga que volvió a sentirse ser
La amistad es aquel sentimiento que no conoce de barreras ni distancias.
Cuando llegué a esta ciudad traje conmigo el miedo a la soledad. Hoy, tengo la certeza de que me llevo el mejor regalo que podría haber pedido. No sólo tengo a gente que me cuida y respeta a mi lado. Adémás, tengo a personas que han sabido enseñarme a entender que el tiempo y la distancia nunca podrán romper las líneas entrecruzadas que unen nuestras vidas. Dicen que el ser humano es un ser social por naturaleza, yo creo que lo es por aprendizaje.
Necesitamos de la comunidad para sobrevivir, pero eso no nos garantiza nuestra felicidad. La ansiada felicidad se logra cuando tienes a personas realmente necesarias a tu lado que te enseñan día a día a ser mejor persona. Vivir en comunidad puede ser la obligación, aprender a querernos y respetarnos es el premio. Y cuando ganas ese premio, todos los demás regalos sobran.
Cuando decides seguir tu propio camino y alejarte físicamente de esos verdaderos amigos , todo toma un tono gris funerario. Sólo nosotros podemos lograr que esa gente permanezca en nuestro corazón y que el verde esperanza llene de nuevo cada uno de nuestros encuentros. Sólo así podemos descubrir que la felicidad esconde, hoy más que nunca, una palabra oculta: amistad.
Gracias por haber convertido a la hormiga tímida y perdida en un ser social. Gracias por haberme abierto vuestros corazones y vuestros oídos. Y, sobretodo, gracias por seguir haciendo que este pequeño paraíso sea más nuestro que nunca a pesar de no estar pared con pared.
Madrid sin vuestro cariño, jamás podría tener este mismo cielo rojo que hoy nos alumbraba a la luz de la luna llena.
Cuando llegué a esta ciudad traje conmigo el miedo a la soledad. Hoy, tengo la certeza de que me llevo el mejor regalo que podría haber pedido. No sólo tengo a gente que me cuida y respeta a mi lado. Adémás, tengo a personas que han sabido enseñarme a entender que el tiempo y la distancia nunca podrán romper las líneas entrecruzadas que unen nuestras vidas. Dicen que el ser humano es un ser social por naturaleza, yo creo que lo es por aprendizaje.
Necesitamos de la comunidad para sobrevivir, pero eso no nos garantiza nuestra felicidad. La ansiada felicidad se logra cuando tienes a personas realmente necesarias a tu lado que te enseñan día a día a ser mejor persona. Vivir en comunidad puede ser la obligación, aprender a querernos y respetarnos es el premio. Y cuando ganas ese premio, todos los demás regalos sobran.
Cuando decides seguir tu propio camino y alejarte físicamente de esos verdaderos amigos , todo toma un tono gris funerario. Sólo nosotros podemos lograr que esa gente permanezca en nuestro corazón y que el verde esperanza llene de nuevo cada uno de nuestros encuentros. Sólo así podemos descubrir que la felicidad esconde, hoy más que nunca, una palabra oculta: amistad.
Gracias por haber convertido a la hormiga tímida y perdida en un ser social. Gracias por haberme abierto vuestros corazones y vuestros oídos. Y, sobretodo, gracias por seguir haciendo que este pequeño paraíso sea más nuestro que nunca a pesar de no estar pared con pared.
Madrid sin vuestro cariño, jamás podría tener este mismo cielo rojo que hoy nos alumbraba a la luz de la luna llena.
martes, 19 de octubre de 2010
La lotería de la oportunidad
Las oportunidades son la lotería navideña que todos deseamos y pocos obtienen.
La ciudad dormía bajo la fría helada anticipada de un invierno prematuro. El silencio acompañaba la nocturnidad, aparentemente apacible, mientras las agujas de aquel viejo reloj de cuerda continuaban su duelo acompasado. Los viejos recortes de prensa jugaban a acariciar palabras olvidadas sobre la vieja mesilla de noche. Y en esa paz tan poco usual en la metrópolis, su cabeza no podía dejar de recordar los miles de momentos perfectos que ahora sólo formaban parte del pasado.
Puede que cada segundo vivido al lado de aquella persona hubiera sido un premio. Puede que tal vez un descubrimiento hacia la madurez. Puede que simplemente el deseo de volver a confíar en la esperanza. Pero, ahora era tarde para planteamientos inútiles. Los segundos se habían convertido en minutos, los minutos en horas, las horas en días y los días en una suma de meses interminables unificados por la mera observación. La vida había pasado con la fuerza de un huracán por cada una de sus mutuas palabras y sin embargo, el tornado seguía ahora su paso sin barreras hacia una frontera más segura. La oportunidad había puesto un punto y final a su existencia. El arrepentimiento brotaba como única sabia roja de su corazón. Pero, en el fondo sabía que él se merecía algo mejor. El tiempo había perdido la batalla frente al miedo y la oportunidad había encontrado una cuna más mullida para continuar su viaje.
A veces las oportunidades son riesgo y nosotros decidimos hasta dónde estamos dispuestos a llegar. Obviamente, aquella muchacha de ojos gatunos había perdido su tren. Pero esta vez, la estación parecía más ártica que nunca y a ella sólo le quedaba un billete con destino al mar.
La ciudad dormía bajo la fría helada anticipada de un invierno prematuro. El silencio acompañaba la nocturnidad, aparentemente apacible, mientras las agujas de aquel viejo reloj de cuerda continuaban su duelo acompasado. Los viejos recortes de prensa jugaban a acariciar palabras olvidadas sobre la vieja mesilla de noche. Y en esa paz tan poco usual en la metrópolis, su cabeza no podía dejar de recordar los miles de momentos perfectos que ahora sólo formaban parte del pasado.
Puede que cada segundo vivido al lado de aquella persona hubiera sido un premio. Puede que tal vez un descubrimiento hacia la madurez. Puede que simplemente el deseo de volver a confíar en la esperanza. Pero, ahora era tarde para planteamientos inútiles. Los segundos se habían convertido en minutos, los minutos en horas, las horas en días y los días en una suma de meses interminables unificados por la mera observación. La vida había pasado con la fuerza de un huracán por cada una de sus mutuas palabras y sin embargo, el tornado seguía ahora su paso sin barreras hacia una frontera más segura. La oportunidad había puesto un punto y final a su existencia. El arrepentimiento brotaba como única sabia roja de su corazón. Pero, en el fondo sabía que él se merecía algo mejor. El tiempo había perdido la batalla frente al miedo y la oportunidad había encontrado una cuna más mullida para continuar su viaje.
A veces las oportunidades son riesgo y nosotros decidimos hasta dónde estamos dispuestos a llegar. Obviamente, aquella muchacha de ojos gatunos había perdido su tren. Pero esta vez, la estación parecía más ártica que nunca y a ella sólo le quedaba un billete con destino al mar.
miércoles, 13 de octubre de 2010
La gran manzana
Cuando la magia ya no hace efecto sólo nos quedan los recuerdos. A veces un recuerdo es algo tan habitual como un simple gesto. Otras muchas, debemos buscarlo en palabras, vacías de definiciones, y cargadas de sueños por cumplir.
Caminando por la gran ciudad, el cemento gris de un día otoñal parecía más lleno de recuerdos que de cualquier otra cosa. Quizás el tiempo ayudase, quizás la armonía de sus miles de habitantes resignados a revivir después de un largo letargo, también. A cada paso, la memoria trataba de escapar furtiva al mundo de la fantasía. A cada aliento, la mente luchaba por rescatar cada uno de los miles de momentos que aún notaba como suyos, que aún sentía como truenos resplandeciendo en sus adentros. Puede que aquel fin de la "noche americana" de un Quique disfrazado de yanki acrecentase la sensibilidad. Puede que simplemente el sueño provocase una actividad masoquista inusual para un amanecer tan azul como los días más felices de Iván. Y sin embargo, la sangre cada vez corría con más nostalgia por las venas cargadas de resignación.
¿Cargarse de fuerza para recuperar los recuerdos y convertirlos en realidad plástica o conformarse con viejos vocablos llenos de resignación, pero terriblemente perfectos? A veces, el amanecer en la gran manzana puede ser terriblemente freudiano.
Caminando por la gran ciudad, el cemento gris de un día otoñal parecía más lleno de recuerdos que de cualquier otra cosa. Quizás el tiempo ayudase, quizás la armonía de sus miles de habitantes resignados a revivir después de un largo letargo, también. A cada paso, la memoria trataba de escapar furtiva al mundo de la fantasía. A cada aliento, la mente luchaba por rescatar cada uno de los miles de momentos que aún notaba como suyos, que aún sentía como truenos resplandeciendo en sus adentros. Puede que aquel fin de la "noche americana" de un Quique disfrazado de yanki acrecentase la sensibilidad. Puede que simplemente el sueño provocase una actividad masoquista inusual para un amanecer tan azul como los días más felices de Iván. Y sin embargo, la sangre cada vez corría con más nostalgia por las venas cargadas de resignación.
¿Cargarse de fuerza para recuperar los recuerdos y convertirlos en realidad plástica o conformarse con viejos vocablos llenos de resignación, pero terriblemente perfectos? A veces, el amanecer en la gran manzana puede ser terriblemente freudiano.
lunes, 4 de octubre de 2010
Renaciendo de las cenizas
A veces la única solución posible es empezar de nuevo. A veces simplemente necesitamos cerrar los ojos, volver la mente atrás unos cuantos años y redescubrir qué era lo que nos ilusionaba cada día. Si somos capaces de encontrarlo, quizás aún estemos a tiempo de salvar nuestros sueños y encaminar nuestras vidas hacia un futuro positivo.
Yo he decidido hacerlo hoy. Después de depurar cada uno de los fallos que me han condicionado en los últimos años, he decidido "volar" libre de nuevo como aquella niña soñadora e inconformista que transitaba por el camino de la esperanza hace no tanto tiempo.
Atrás quedan las lágrimas mal empleadas y el mudo rencor. Atrás quedan las rejas de soledades que me ataban a un futuro mejor que nunca acababa de llegar. Atrás quedan los días grises en que el cambio era el anhelo cotidiano de un mañana mejor.
Puede que la vida sea una constante suma de aprendizajes, tanto buenos como malos, pero como un día me dijo una persona especial "solo nosotros podemos labrarnos nuestra propia felicidad".
La búsqueda de ésa felicidad ha llegado tras muchos cambios, adioses y dudas que no hacían más que acrecentar un carácter no siempre entendible.
Gracias a todos los que me han acompañado durante todo este tiempo sin pedir una explicación y apoyándome sin restricciones. Gracias a cada uno de los seres especiales que me han contagiado de nuevo esos ideales tan olvidados como la esperanza o la solidaridad. Gracias a cada duende y cada hada que han encontrado en mi caótico mundo algo único que nos hiciera compartir instantes inolvidables. Gracias a cada persona que ha logrado devolverme mi madurez. Y sobretodo, gracias a vosotros, los que hoy leéis ésto, por haber respetado cada uno de mis silencios y haber sido capaces de leer con el corazón en cada una de mis miradas.
A veces, la solución está en las palabras. A veces, el agradecimiento también. Las palabras han sido mi guía durante todos estos años y una vez más, han sido capaces de traerme hasta aquí.
Este blog pretende ser por ello también, un agradecimiento a esas miles de palabras que se acumulan en mi mente y a veces, prefieren escapar en un acto de plena rebeldía del control de mi cerebro. Ésas mismas palabras que hacen que hoy siga "viva".
Yo he decidido hacerlo hoy. Después de depurar cada uno de los fallos que me han condicionado en los últimos años, he decidido "volar" libre de nuevo como aquella niña soñadora e inconformista que transitaba por el camino de la esperanza hace no tanto tiempo.
Atrás quedan las lágrimas mal empleadas y el mudo rencor. Atrás quedan las rejas de soledades que me ataban a un futuro mejor que nunca acababa de llegar. Atrás quedan los días grises en que el cambio era el anhelo cotidiano de un mañana mejor.
Puede que la vida sea una constante suma de aprendizajes, tanto buenos como malos, pero como un día me dijo una persona especial "solo nosotros podemos labrarnos nuestra propia felicidad".
La búsqueda de ésa felicidad ha llegado tras muchos cambios, adioses y dudas que no hacían más que acrecentar un carácter no siempre entendible.
Gracias a todos los que me han acompañado durante todo este tiempo sin pedir una explicación y apoyándome sin restricciones. Gracias a cada uno de los seres especiales que me han contagiado de nuevo esos ideales tan olvidados como la esperanza o la solidaridad. Gracias a cada duende y cada hada que han encontrado en mi caótico mundo algo único que nos hiciera compartir instantes inolvidables. Gracias a cada persona que ha logrado devolverme mi madurez. Y sobretodo, gracias a vosotros, los que hoy leéis ésto, por haber respetado cada uno de mis silencios y haber sido capaces de leer con el corazón en cada una de mis miradas.
A veces, la solución está en las palabras. A veces, el agradecimiento también. Las palabras han sido mi guía durante todos estos años y una vez más, han sido capaces de traerme hasta aquí.
Este blog pretende ser por ello también, un agradecimiento a esas miles de palabras que se acumulan en mi mente y a veces, prefieren escapar en un acto de plena rebeldía del control de mi cerebro. Ésas mismas palabras que hacen que hoy siga "viva".
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