Aún recuerdo aquella tarde de agosto caminando cegados por el sol de las cuatro en dirección a ninguna parte. Aún siento tus labios acercándose a los míos lentamente mientras las olas del puerto chocaban con nuestras piernas ausentes. Aún revivo cada palabra entrelazada por nuestras manos en aquella colina apartada de cualquier universo. Y sin embargo, de todo ese viejo recuerdo, sólo queda un cd que agoniza entre mis dedos y un viejo papel en que tus letras se borran a cada lágrima que las inunda.
Quisiera odiarte. Todo sería mucho más fácil si lo único que quedase fuese odio. Pero algo me dice dentro de mí que no puedo hacerlo. Al final después del dolor y las mentiras, aún quedan miles de aprendizajes que me han permitido llegar a ser como soy. Y por mucho que me hiera reconocerlo, tienes gran parte de culpa en ello. Hemos crecido de la mano en un sueño que jamás encontró una salida razonable más allá de la enfermedad. Una enfermedad que nos contaminaba y nos hacía morir lentamente en cada frase.
Ahora sólo quedan frases cargadas de engaño y dolor. Ahora sólo quedan realidades destrozadas que jamás conocerán la verdad. Ahora quedan ingenuidades sueltas y corazones heridos. Ahora sólo queda desesperación ante cada una de tus sílabas cargadas de apestoso victimismo.
Puede que no pueda odiarte, pero no me pidas que te entienda. Hace tiempo que mi vida te convirtió en simples promesas que ya no valen nada. Y ante la nada, sólo queda el enterramiento y el olvido.
Mi vida continúa y por suerte, al lado de "Principitos" mucho menos cobardes.
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